Tres cosas que (tal vez) no sabías sobre los vikingos

Tres cosa sobre los vikingos que quizás no sabías, tres mitos sobre los vikingos que se volvieron verdades en la cultura popular.

En el anexo histórico a la novela El Último Reino: Northumbria, Bernard Cornwell menciona que quizás el lector pueda llegar a sentirse decepcionados por la descripción que él hace de los vikingos. Y da varias razones para eso.

En suma, esas razones pueden resumirse en una sola: la imagen que el le adjudica a los vikingos está muy alejada de aquella más usada en otras obras de ficción. Pero su idea es la de ir en contra del lugar común, para ganar veracidad.

Lo que Cornwell trata de hacer es mostrar a los daneses como guerreros o colonos, de la forma en que los historiadores piensan que ese pueblo fue en el siglo IX. Y para hacer eso tiene que desmitificar tres cosas.

¿Usaban los vikingos cascos con cuernos?

La respuesta, aunque yo mismo lamento un poco escucharla, es que no. Los vikingos no usaban cascos con cuernos. Aunque algunos podían estar decorados por marcas indicando el bando de su portador, no tenían ningún tipo de cuerno lateral.

Y la razón es que un cuerno, más que una ventaja en la ofensiva, es una desventaja defensiva. La protuberancia podría engancharse con otro guerrero durante la marcha o ser golpeada por un atacante, dejando en los dos casos muy mal parado a su portador.

Sumado a esto, un casco tampoco era tan común. Eso si hablamos de cascos creados con metales. Seguramente era mucho más razonable encontrar en el campo de batalla protectores realizados con cuero.  Tal vez no fueran lo mejor para protegerse de un tajo en la sien pero sin dudas mejor que no llevar nada.

La idea de vikingos con cascos de cuernos viene de mucho mas cerca en el tiempo, de la imaginación de artistas del siglo XIX.

¿Existieron en realidad los berserkers?

Esto está en algún punto entre el mito y la ficción. Se menciona a los berserkers como a los guerreros que eran poseídos por una sed de sangre que los volvía inmunes al dolor. Poseían una furia tal que entraban al campo de batalla parcialmente desnudos, vistiendo solamente algunas pieles de animales. Eran dueños de una ferocidad que los volvía guerreros elite del dios Odín.

Ahora bien, una posible teoría es que cercanos al siglo IX existiera un grupo de guerreros escandinavos que operaran bajo las ordenes de un mismo líder, y que parte de su vestimenta fuera la de pieles de animales. Este grupo pudo estar altamente entrenado, en una época donde la infantería no era homogénea en sus habilidades. Y eso creo una leyenda.

La otra opción razonable es que algunos guerreros consumieran algún tipo de hongo alucinógeno antes de entrar a la batalla. Eso o algún otro preparado medicinal que alterara la conciencia, lo que tal vez no los volviera más efectivos en una pelea, pero sin dudas le daría un buen susto a cualquiera que los viera corriendo desnudos por el medio del campo de batalla. Es el tipo de cosas que no pasan desapercibidas.

La ejecución del “águila extendida”

Esta si es realmente extraña, y no tenía idea de ella hasta que Cornwell la mencionó. La idea es que los vikingos ejecutaban a sus enemigos haciendo un “águila extendida”, esto es abriéndoles el pecho  (o la espalda) para extenderles luego las costillas hacia los lados, de modo que el corazón y los pulmones quedasen expuestos.

Es cierto, parece algo de una película de horror. La idea, también conocida como “águila sangrienta” viene de la literatura nórdica.  Bien pensando, entonces se trata de un relato de terror que buscaba impresionar a los que lo escucharan por lo gráfico de sus detalles. Un tipo de entretenimiento, como nuestros films sangrientos contemporáneos.

En la realidad no hay pruebas escritas sobre si este tipo de actividad se emprendía o no en el campo de batalla, como castigo o como ritual. Otra posible opción es que fuera un mito creado como propaganda, para inclinar la balanza en contra de la religión danesa.

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